La Comunidad prohíbe el uso de glifosato, sospechoso de ser cancerígeno, en las vías de la región.
La Comunidad de Madrid ha prohibido la utilización del herbicida glifosato en las vías de la región de su competencia. El año pasado asociaciones ecologistas emprendieron una fuerte campaña contra el uso del polémico producto, considerado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como posible cancerígeno, mientras que la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) ve “improbable” su vinculación con el cáncer en humanos.

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Bajo la denominación de glifosato se esconde un potente herbicida, el más utilizado en todo el mundo, para combatir las “malas hierbas” de jardines, aceras, vías públicas… En España, Barcelona lo prohibió en 2015 y el Ayuntamiento de Madrid no permite su uso desde principios de año en zonas sensibles como parques infantiles, láminas de agua y lugares de mucho tránsito. En mayo pasado, el Gobierno regional decidió poner freno al uso del producto debido a la “alarma social” que provoca su utilización. El director general de Carreteras e Infraestructuras, José Trigueros, envió a las empresas concesionarios del mantenimiento de las vías en las que tienen competencia un comunicado en las que les ordenaba dejar de aplicar “ningún herbicida que tuviera glifosato en su composición”.
Ecologistas en Acción y otras asociaciones conservacionistas se felicitan por una decisión que, interpretan, ha sido consecuencia de la intensa presión que ejercieron contra la fumigación con glifosato. Tras el anuncio, los verdes han solicitado a la Administración regional la eliminación total de otros fitosanitarios en los tratamientos de vías y espacios públicos por considerarlos nocivos para la salud.
Las quejas de los conservacionistas incidieron en que el producto se empleó en 2015 coincidiendo “con el mes de abril más lluvioso de los últimos años”, circunstancia que aumenta la posibilidad de contaminación de acuíferos y masas de agua. La actuación no quedó ahí, añaden, se usó en tramos urbanos de municipios que habían rechazado el empleo del herbicida, “sin previo aviso ni señalización” y a pocos metros de viviendas, centros escolares y comercios. Los pastizales, cultivos colindantes y espacios protegidos, también sufrieron su aplicación.

Las asociaciones ecologistas hablan de alternativas, y de empezar a cambiar la forma de pensar que prefiere los espacios urbanos inmaculados en los que no asoma ni una triste brizna de hierba entre los adoquines. “Probablemente, un lugar así esté lleno de herbicidas”, indican.
Como opción para el control de la vegetación sin químicos, plantean métodos mecánicos, manuales y térmicos que, aseguran, “se utilizan ya en otros países europeos”. Al mismo tiempo, indican que existen otros herbicidas “no sintéticos” basados en distintos vinagres (ácido acético) o en hidroxifosfatos naturales, que se aplican en agricultura ecológica. “Son biodegradables y no tienen efectos significativos ni para la salud ni para el medio ambiente”, puntualizan.

La decisión del Gobierno madrileño se ha tomado en un momento en el que las instituciones internacionales se encuentran divididas en cuando a los perjuicios del producto. Mientras la Organización Mundial de la Salud lo clasifica como “probable cancerígeno”, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) ve “improbable” su vinculación con el cáncer en humanos. Ecologistas en Acción añade a sus posibles efectos nocivos la existencia de estudios que lo relacionan con daños en el sistema hormonal al funcionar como disruptor endocrino.

La búsqueda de un consenso es tan complicada, que el 29 de junio pasado la Comisión Europea renovó por un plazo de 18 meses la autorización de uso de glifosato en la Unión Europea. Faltaban horas para que expirara la licencia. En un comunicado, el ejecutivo europeo indicaba que la prórroga se otorga “hasta que la Agencia Europea de Sustancias y Mezclas Químicas publique su dictamen, como muy tarde a finales de 2017”.

 

Fuente: El País

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